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Una luz en la ventana

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Como si de fantasmas se tratara, sus siluetas vestidas de blanco asoman por las ventanas iluminadas. Aunque cada uno tiene su nombre, sus pacientes les llaman a todos igual: mi médico. No son fantasmas, desde luego, aunque para la Presidenta madrileña como si lo fueran. Por esas mismas ventanas ahora cerradas asomaron en lo más crudo de la pandemia sus manos hipócritas los gobernantes de Madrid para aplaudir a los médicos. Pero cuando los aplausos cesaron esas mismas manos se volvieron garras para apretar el cuello de la atención primaria, de los pediatras y de todo el personal sanitario. Y apretaban para matar. Abajo, el pueblo. La gente que llenó las calles en defensa de su sanidad pasa ahora bajo esas ventanas quizás sin saber que allí arriba hay 10 valientes que resisten porque saben que en estas horas se están jugando el futuro. El de todos. Cual delincuentes, han de ir escoltados a la máquina del café y se les prohíbe recibir alimentos del exterior. Al enemigo, ni agua. Y abajo e...

QUISIERA FUERA UNA DECLARACIÓN DE AMOR

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  Ustedes no la conocen, así que permitan que se la presente. Es la persona más valiente que conozco. Tanto, que escapó de las garras del poder gracias a su tesón, su talento y su inteligencia. Donde muchos no vieron más que un muro ella se atrevió a imaginar una puerta. Y la cruzó. Se ha reinventado mil veces sin dejar de ser ella misma, ha luchado contra gigantes y los ha vencido con humildad y trabajo. Como muchas personas de gran valía, no es consciente de lo que vale. Pero yo, que la miro y la veo y la sé de memoria, les puedo asegurar que es un tesoro de los más valiosos. Como todo buen tesoro, está oculto a la vista de secuaces y ladrones. Quien quiera contemplarlo ha de seguir las indicaciones del mapa y desenterrarlo entre capas de modestia. En este caso, es oro todo lo que no brilla.                             Posee una generosidad natural, unos valores y unos principios que han resisti...

CONQUISTA

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 Bajaron de las montañas, remontaron el río, atravesaron los campos. Vinieron. A lo lejos, sus monturas levantaban remolinos de polvo que quedaban suspendidos en el aire pesado del verano. Al observarlas a contraluz, sus siluetas semejaban espectros de barro. Afilaron sus hachas, levantaron sus tiendas, encendieron hogueras. Esperaron. Igual que un emisario de alas negras, el miedo atravesó los muros y nos cubrió con su manta raída. Llegaron los malos sueños. Al despuntar el alba, encontramos frente a las puertas de la ciudad la cabeza de un campesino ensartada en una pica. Izaron sus enseñas, herraron sus caballos, besaron sus reliquias. Callaron. Era un día radiante, y por unos instantes, pareció como si pidieran perdón al mundo mismo por perturbar su quietud. Fue breve. Después se alzó una mano poderosa y el bramido de miles de hombres se abatió sobre nosotros. Antes del primer golpe, de la primera sangre, aquellas palabras incomprensibles ya nos habían derrotado. Quemaron con e...

MIENTRAS DUERMEN

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Bolsas de basura, cinta de embalar y el miedo pintado en la cara. Esas fueron las armas con las que los anestesiólogos fueron enviados a combatir la enfermedad, el dolor y la desesperación de un país que se nos moría a puñados. No fueron los únicos, desde luego, pero fueron. Lo sé porque la vida me puso en el camino de algunos de ellos, porque he visto en sus ojos la determinación que vencía al temor y lo mantenía a raya hasta que volvían a casa tras largas horas de pesadilla... Creo que su trabajo está poco reconocido, en parte por el desconocimiento que se tiene del mismo. No son sólo los que te duermen y despiertan, son los que te mantienen vivo durante toda una intervención quirúrgica y los que, en caso de complicaciones, te salvarán la vida. Quizás les falte prestigio, no tengan el brillo ni el reconocimiento social de otros profesionales médicos, pero créanme si les digo que ponen ustedes la vida en sus manos. Y qué manos... Las mismas manos que ayudaron a mantener viva la espera...

CONSUMIDORES DE INFANCIA

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Si tienen hijos, seguro que les han pedido alguna vez ver esos canales de Youtube en los que aparecen videos de niños jugando. Así, tal cual; en lugar de jugar, los niños se sitúan delante de la pantalla y ven a otros niños haciendo aquello que deberían estar haciendo ellos: jugar y divertirse. Ni que decir tiene que  todos esos niños viven en mansiones lujosas, tienen padres enrollados que disponen de todo el tiempo del mundo para jugar con ellos y poseen un ilimitado arsenal de juguetes de todos los tamaños, colores y formas. Absortos ante la pantalla, quizás los niños piensan en sus pisos pequeños, en sus padres ausentes durante las largas jornadas de trabajo, en sus juguetes que, en comparación, parecen pobres imitaciones de la felicidad. Quizás sin darnos cuenta les estamos enseñando a envidiar el lujo, a desear lo que no tienen en vez de disfrutar de lo que poseen, a vivir una vida irreal por persona interpuesta. En resumen, les enseñamos a ser infelices. Cuando se profundiza...

ELOGIO DEL MEDIOCRE

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No descubro nada nuevo si digo que en este país siempre se despreció la educación. Del "vivan las cadenas" al "que inventen ellos" nuestra historia está repleta de afirmaciones vergonzosas de las que sólo nos redimen pinceladas como la Institución Libre de Enseñanza. Saber las cuatro cuentas o juntar dos sílabas era más que suficiente; los libros, de todos es sabido, los carga el diablo.  Pero por debajo de este ominoso desprecio había mucha gente que anhelaba saber. Mi abuela murió siendo analfabeta, a duras penas sabía escribir su nombre con pulso temblón, como si de una niña se tratara. Se avergonzaba de ello, y esa vergüenza es para mí un orgullo, pues demuestra que ni la vil España fascista que la conminó a una vida iletrada apagó en ella la llama de la conciencia. Murió sin saber, pero lamentando no haber sabido. No es más que uno de los múltiples ejemplos de una generación a la que le robaron la educación, el derecho a saber, a opinar, a creer en un futuro me...

COMED BANDERA

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  Cuando se desató el horror, y llovió sal y esparció calaveras, los jornaleros hambrientos se agrupaban en las plazas de los pueblos devastados para mendigar un jornal a los terratenientes y mitigar el hambre que asolaba a sus familias. Como castigo al apoyo masivo al bando republicano que se dio entre los campesinos, la respuesta que solían recibir era “comed República”. Aquel fue el precio, terrible e inhumano, que pagaron tantos por haber soñado que era posible un mundo mejor. Hoy, desideologizados, huérfanos de referentes y asqueados de una izquierda que ya es casi diestra, los jornaleros, los obreros, los trabajadores en suma, vuelven la vista hacia el populismo nacionalista. Un populismo que envuelve en la bandera y en palabras tan altisonantes como vacías de significado su incapacidad para generar un discurso coherente o siquiera mínimamente elaborado. No se trata de estupidez, sino de desesperación. Y en nombre de esos conceptos vacíos renuncian a sus derechos, se deja...