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MIENTRAS DUERMEN

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Bolsas de basura, cinta de embalar y el miedo pintado en la cara. Esas fueron las armas con las que los anestesiólogos fueron enviados a combatir la enfermedad, el dolor y la desesperación de un país que se nos moría a puñados. No fueron los únicos, desde luego, pero fueron. Lo sé porque la vida me puso en el camino de algunos de ellos, porque he visto en sus ojos la determinación que vencía al temor y lo mantenía a raya hasta que volvían a casa tras largas horas de pesadilla... Creo que su trabajo está poco reconocido, en parte por el desconocimiento que se tiene del mismo. No son sólo los que te duermen y despiertan, son los que te mantienen vivo durante toda una intervención quirúrgica y los que, en caso de complicaciones, te salvarán la vida. Quizás les falte prestigio, no tengan el brillo ni el reconocimiento social de otros profesionales médicos, pero créanme si les digo que ponen ustedes la vida en sus manos. Y qué manos... Las mismas manos que ayudaron a mantener viva la espera...

CONSUMIDORES DE INFANCIA

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Si tienen hijos, seguro que les han pedido alguna vez ver esos canales de Youtube en los que aparecen videos de niños jugando. Así, tal cual; en lugar de jugar, los niños se sitúan delante de la pantalla y ven a otros niños haciendo aquello que deberían estar haciendo ellos: jugar y divertirse. Ni que decir tiene que  todos esos niños viven en mansiones lujosas, tienen padres enrollados que disponen de todo el tiempo del mundo para jugar con ellos y poseen un ilimitado arsenal de juguetes de todos los tamaños, colores y formas. Absortos ante la pantalla, quizás los niños piensan en sus pisos pequeños, en sus padres ausentes durante las largas jornadas de trabajo, en sus juguetes que, en comparación, parecen pobres imitaciones de la felicidad. Quizás sin darnos cuenta les estamos enseñando a envidiar el lujo, a desear lo que no tienen en vez de disfrutar de lo que poseen, a vivir una vida irreal por persona interpuesta. En resumen, les enseñamos a ser infelices. Cuando se profundiza...

ELOGIO DEL MEDIOCRE

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No descubro nada nuevo si digo que en este país siempre se despreció la educación. Del "vivan las cadenas" al "que inventen ellos" nuestra historia está repleta de afirmaciones vergonzosas de las que sólo nos redimen pinceladas como la Institución Libre de Enseñanza. Saber las cuatro cuentas o juntar dos sílabas era más que suficiente; los libros, de todos es sabido, los carga el diablo.  Pero por debajo de este ominoso desprecio había mucha gente que anhelaba saber. Mi abuela murió siendo analfabeta, a duras penas sabía escribir su nombre con pulso temblón, como si de una niña se tratara. Se avergonzaba de ello, y esa vergüenza es para mí un orgullo, pues demuestra que ni la vil España fascista que la conminó a una vida iletrada apagó en ella la llama de la conciencia. Murió sin saber, pero lamentando no haber sabido. No es más que uno de los múltiples ejemplos de una generación a la que le robaron la educación, el derecho a saber, a opinar, a creer en un futuro me...

COMED BANDERA

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  Cuando se desató el horror, y llovió sal y esparció calaveras, los jornaleros hambrientos se agrupaban en las plazas de los pueblos devastados para mendigar un jornal a los terratenientes y mitigar el hambre que asolaba a sus familias. Como castigo al apoyo masivo al bando republicano que se dio entre los campesinos, la respuesta que solían recibir era “comed República”. Aquel fue el precio, terrible e inhumano, que pagaron tantos por haber soñado que era posible un mundo mejor. Hoy, desideologizados, huérfanos de referentes y asqueados de una izquierda que ya es casi diestra, los jornaleros, los obreros, los trabajadores en suma, vuelven la vista hacia el populismo nacionalista. Un populismo que envuelve en la bandera y en palabras tan altisonantes como vacías de significado su incapacidad para generar un discurso coherente o siquiera mínimamente elaborado. No se trata de estupidez, sino de desesperación. Y en nombre de esos conceptos vacíos renuncian a sus derechos, se deja...

HUERFANOS PERO CON IPHONE

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  Cuando yo era niño, la patria de los niños era la calle, un país de dimensiones variables y fronteras irregulares en el que éramos soberanos de nosotros mismos y de nuestro tiempo.   Por desgracia, aquella patria ha sido conquistada por el miedo. En nombre del miedo y la seguridad los niños han sido expulsados de la calle, han visto reducido su mundo a las cuatro paredes de su habitación, y sus relaciones sociales y afectivas, su capacidad asociativa y su conciencia del bien común habrán sido debidamente amputadas para cuando tengan edad de votar. Para producir ciudadanos obedientes no hay mejor cantera que la del capitalismo. Esta pérdida de la identidad colectiva está estrechamente ligada a la pérdida de derechos y libertades sociales que estamos sufriendo. La comunidad, entendida como un ente solidario, se ha roto, sustituida por una cultura del sálvese quien pueda y de ver al semejante no como alguien a quien unirse, sino como al enemigo contra el que luchar. No nos gu...

MATRIX, LA DEMOCRACIA Y EL EMPERADOR DESNUDO.

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En aquella puesta al día de La caverna de Platón que fue Matrix, vimos como el ser humano habitaba un mundo de sombras que le impedían ver el mundo real.   Como en Matrix, los ciudadanos del S XXI vivimos en una ficción que, dentro de sus imperfecciones, parecemos preferir al mundo real. Una ficción en la que los sentidos son el motor de nuestras creencias, lo que existe es lo que vemos, y punto… salvo que quizás lo que vemos no es la realidad objetiva sino aquella que otros han construido para nosotros. Nuestro Matrix se llama democracia representativa. Cuando se usa el adjetivo representativa, lo que el común de los ciudadanos entendemos es que estamos representados en ella. O dicho de otro modo, que aquellos a quienes otorgamos nuestro voto representan y defienden nuestros intereses. Ese es el traje democrático con el que se viste el emperador. Lo que ocurre, como en el cuento, es que el emperador está desnudo, pero casi nadie se atreve a decirlo, porque cuando atacas al emp...

SANIDAD POR DERECHO

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Son casi las ocho de la tarde y abrimos las ventanas, salimos al balcón, nos asomamos al mundo desolado del confinamiento. De repente, los aplausos atronan por toda la ciudad, por todas las ciudades. Somos nosotros, los ciudadanos que parecen haber tomado conciencia del tesoro que supone nuestra sanidad y los profesionales que la integran. Esos aplausos son para ellos, pero también para nosotros, para todo lo bueno que hemos construido y a lo que tantas veces no le damos valor. Saldremos mejores de todo esto, hemos aprendido el valor de los servicios públicos y la importancia de defenderlos. Bonitas frases que chocan contra la terca realidad. Hoy, casi dos años después, cuando ya los aplausos se han tornado en amargos reproches, asisitimos impasibles a la degradación de la sanidad pública. No son opiniones, son datos: - El gasto sanitario en España supone el 9,5% del PIB, lejos del 9,9% de promedio en Europa , y por tanto lejos de la mentira tantas veces repetida de que en España se i...