EL RUMOR

El rumor empezó de amanecida, en ese instante en que la noche se resiste a darse por vencida y el día llega tímido, como pidiendo permiso. Comenzó de forma leve. El primero en oírlo fue un perro que deambulaba cerca del barranco del Carrizal, en el corazón de la Alpujarra de Granada. El animal se detuvo a escuchar. El sonido era helado y azul, como de huesos que se remueven o corazones que se rompen. 

Como un eco, el rumor se va replicando a lo largo de la carretera de Málaga. Pies que se arrastran, llantos de niños con hambre y de madres sin leche para amamantarlos, ruedas de carros y el siniestro zumbido de la muerte sobrevolando la marcha de la Desbandá. Una serpiente que se extiende dejando a su paso la miseria y el miedo y que acaba destripada, pudriéndose al sol sin que pueda esperar la clemencia de un dios que los ha abandonado.



En la finca El Aguacho, entre La Campana y Fuentes de Andalucía, el rumor suena a camión que sube desde el pueblo. De ese camión bajan varias adolescentes que serán violadas, asesinadas y arrojadas a un pozo. El rumor se hace grito, miedo y espanto, se hace vida truncada por la bestia humana a la que nos resistiremos a llamar hombre. El rumor se hace puerta que se cierra, visillos que se corren, luto que llora sin lágrimas porque ni lágrimas quedan.

                                        

El rumor se vuelve cante jondo en una fosa anónima entre Víznar y Alfacar. Como el agua de Nueva York, la sangre derramada de Lorca tampoco desemboca. Su cauce sigue hasta las playas barridas por el levante, donde el mar no consigue borrar las huellas de los caballistas conocidos como los Leones de Rota. Con el salitre, el rumor sube a los pueblos de la sierra y recorre Benamahoma, El Bosque, Villamartín, Olvera. No, que no desemboca.

Como el rumor se difunde con el viento, puede colarse fácilmente por los barrotes herrumbrosos de las celdas de la cárcel de Málaga. Allí se vuelve asepsia asesina en las manos de un psiquiatra llamado Antonio Vallejo Nájera, que tortura a las presas en busca del "gen rojo". 

El rumor, que es ya clamor, recorre Andalucía de punta a punta siguiendo el trazado de los 55 campos de concentración que la atraviesan como una cicatriz. El clamor es ahora sordo, pues los esclavos que trabajan en el Canal de los Presos no tienen fuerzas más que para llorar en silencio. Solo otros esclavos pueden oírlo, como los que sirven al asesino Queipo de Llano en Gambogaz.


Oye el rumor de la sangre, el rumor de los muertos olvidados, de las mujeres ultrajadas, de la memoria herida. Oye cantar a las cunetas, a las tapias de los cementerios, al monte y al olivar. Oye el rumor que te pide que te levantes para pedir tierra y libertad, tu libertad y tu tierra. La que te robaron los mismos que aún te la roban. 

Oye el rumor. Escucha. Calla. Y lucha...



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